Retro Grada: El futuro está aquí (Parte II)

Hola de nuevo, persona detrás de una pantalla leyendo esto (o sea, tu). Si estás aquí, seguramente recordarás la primer entrega de esta editorial multipartes, en la cual hablaba acerca del resurgimiento del acetato en las colecciones musicales. Y nos quedamos en que muchas de las memorias del formato eran que era problemático, frágil, ruidoso y poco práctico. Y entonces llegamos a la pregunta que empezaremos a contestar el día de hoy…

¿Hay verdaderamente alguna razón para volver a ese martirio? Y antes que pongas sobre la mesa las cosas, afortunadamente no es mera nostalgia (como muchas cosas horribles que parecen haber vuelto por causa de la estúpida nostalgia).

Y como apuntaba, muchos ávidos coleccionistas actuales son nativos del mundo digital… Y hasta donde sé, no hay quien quede vivo en la Tierra de esos días en los que un imbécil llamado Thomas Edison tomó las ideas de un inventor francés (Nikola Tesla no fue el único a quien rateó, tristemente) para ‘crear’ un dispositivo que pudiera grabar y reproducir el sonido, apropiándose de las innovaciones hechas por Edouard-Leon Scott y Edward Gilliard, el cual, con el paso de los años dejó la forma cilíndrica original que tenía y evolucionó al disco que conocemos (habiendo una guerra de formatos en su momento, de la cual hablaré si no mueren de aburrimiento) y que dominó al mundo desde la década de 1920 hasta la década de los 1990.

¿El disco entonces no es tan malo como lo recuerdo? Bueno, para contestar la pregunta del millón, es momento de hablar de ciencia para descubrir la calidad menospreciada del formato.

Un oído puede ser tan educado como físicamente sea posible, pero nuestro oído y cerebro humano poseen limitaciones “por diseño”. En teoría, el rango de audición de nuestra especie está entre los 20 y los 20000 Hertz (Hz) cuando somos bebés. En este caso, cuando hablamos de Hertz, nos referimos al número de vibraciones por segundo en las que el aire viaja hacia nuestro oído y nos permite, mediante el tímpano y la cóclea, captar dichas vibraciones y hacerlas que nuestro cerebro las convierta en sonidos. En la práctica, no es así… nuestro rango de audición en la edad adulta llega en promedio a los 14000 Hz e incluso en algunos casos, predominantemente de mujeres (ganando, como siempre) hasta de 16000 Hz, continuando su deterioro hasta llegar a dejar de percibir altas frecuencias en la vejez.

Por supuesto que existen vibraciones menores y mayores a estos rangos, las cuales también son sonoras, como las que producen los silbatos para perros, que nosotros no podemos escuchar, pero vaya que nuestras pobres mascotas lo sufren. Después de estas frecuencias, llegamos a otros campos, como el de la luz (y el color), captados por nuestros ojos, o el de la telecomunicación, que dependiendo la frecuencia, es captado por radios, TV, teléfonos, transreceptores de microondas o satelitales, entre otras fantásticas aplicaciones tecnológicas.

Volviendo al rango de frecuencias audibles, cuando se toca en un piano la nota “LA” que se encuentra a la derecha del “DO” central, se genera un sonido con una frecuencia de 440 Hertz (por eso hay tantas canciones e incluso grupos que se refieren a este número, que es la base de la afinación de los instrumentos musicales).

Pero, aunque no lo creas… no es el único sonido que se genera en ese momento (TAN TAN TAAAAAAAAAAAAAAN).

Al mismo tiempo que una nota se suena, se generan “armónicos”, que son múltiplos de ese valor. O sea, que cuando se hace sonar la nota “LA”, se genera el sonido de 440 Hz, un armónico de 880 Hz, otro de 1320 Hz y así sucesivamente, haciendo que el sonido sea atractivo para nosotros… y haciendo que cada instrumento tenga un timbre distinto. Incluso, en producción, se usan algunos armónicos para dar carácter, otros para dar redondez o calidez e incluso hay unos llamados disonantes que le dan un carácter áspero a un sonido.

Con esto en mente, cuando se busca grabar y reproducir música, se busca capturar todos esos tonos, armónicos y timbres de manera lo más fiel posible, para poder repetir la sensación que nos daría el escuchar -in situ- a una orquesta, música disco o inclusive a tu grupo de black metal noruego de culto preferido.

Entonces, si entendimos bien… para que un medio de reproducción de audio se considere bueno, necesita trabajar un rango de frecuencia amplio, capturar la riqueza tanto de los sonidos como de los armónicos que se generan, y reproducir fielmente la grabación original. Es de esperar que las grabaciones anteriores a la década de 1960 tengan una calidad pobre, porque los métodos de grabación y la tecnología de esos días no podían representar fielmente lo que se buscaba, pero su importancia histórica es inconmensurable. Incluso hay proyectos el día de hoy para hacer restauraciones históricas de discos y cilindros anteriores a 1940.

Ahora bien, ya que conocemos un poco más acerca de las características del sonido, en la siguiente entrega analizaremos los medios y formatos más importantes que en su tiempo hicieron caer al vinilo y que, hoy día lo hacen levantarse en las ventas durante 10 años consecutivos, haciendo que las disqueras vuelvan a respirar aire fresco y se llenen los bolsillos de abundante billetiza. Mientras tanto, disfruta de esto:

Prometo seguir metiendo muchos datos mamones que probablemente sirven para un demonio, pero me vale.

 

Te envío poemas de mi puño y letra
Te envío canciones de 4 40
Te envío las fotos cenando en Marbella
Y cuando estuvimos por Venezuela
(Ahora entendemos la referencia, de nada)

Lerxst

Nota: Si quieres leer la tercera parte, ya está disponible AQUI.

Lerxst

Lersxt nace hace muchos años en una tierra lejana. Actualmente busca la cura para el COVID-19 autotosiéndose. Se dice que disfruta de todo tipo de música, especializándose en cosas raras, viejas y poco comunes. En sus ratos libres hace cosas como la NaTA.

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