Retro Grada: El futuro está aquí (Parte III)

Hola de nuevo, persona detrás de una pantalla leyendo esto (o sea, tu). Si estás aquí, seguramente recordarás la primer y la segunda entrega de esta editorial multipartes, en las que hablamos un poco de audio, ondas y capacidades de audición y te prometí que compararemos un poco los formatos de audio que casi mataron al vinyl.

Empezaremos nuestro viaje sónico analizando las características del CD, el cual es un medio que graba digitalmente la información musical, y utiliza un formato que permite reproducir sonidos con un ‘bitrate’ de 44.1 kHz, (44100 muestras digitales de sonido por segundo) a 16 bits, eso significa que la señal podrá tomar alguno de los 65536 niveles posibles al ser digitalizada.

La información de sonido guardada necesita de dos muestras para poder reproducirse (o sea, para lograr su conversión en una señal analógica y luego en sonido), entonces el sonido resultante estará entre los 20-22500 Hz. ¿Eso es bueno? Si, por que en teoría escuchamos sonidos de hasta 16000 Hz, pero desafortunadamente todos aquellos sonidos que son generados fuera de este rango, se pierden para siempre en la grabación, además que el número de muestreos a 16-bits no reflejarán el 100% de los distintos tonos, aunque serán variaciones casi imperceptibles a nuestros oídos.

Un DVD-Audio y un Blu-Ray Audio, mejoran dicha cantidad de muestras a cantidades imposibles de distinguir (el audio de alta resolución llega en promedio hasta los 192KHz, o sea, reproducirá frecuencias hasta los 96 KHz, que es una grabación que incluye casi todo el sonido y armónicos necesarios, además de tener un muestreo de 24-bit, que equivale a 16,777,216 niveles de audio, lo cual es un sonido digital que puede con toda certeza capturar el audio analógico original.  Desafortunadamente, no tuvieron el mismo éxito que sus versiones para video.

¿Entonces un CD de “Grandes Éxitos Instrumentales para Mascotas Interpretado con Silbatos Entrenadores” no es algo que pueda existir? No, por fortuna para todos. Ah, por cierto, un perro escucha sonidos con frecuencias hasta los 45 kHz y un gato incluso de hasta 65 kHz, por lo que hay artistas que han usado animales en sus grabaciones y obviamente, las mascotas responden a esos sonidos (Pet Sounds, de The Beach Boys o Sgt. Pepper’s de The Beatles, contienen perros ladrando, silbatos para perros y tonos de 15KHz, como al final de A Day In The Life, donde amablemente la persona del video nos permite apreciar el tono existente gracias a que nos “baja” la frecuencia un poco al desacelerar las revoluciones del disco), y si no lo habías notado, ahí está. Pero quizás ya no lo escuchabas. Ya sabes, hablamos de eso en la primer entrega.

¿Un CD es bueno, entonces? Si, por el hecho de que no tiene “compresión”, como los formatos de música como el MP3 o el M4A. Y el CD resultante será tan bueno como la música interpretada, el productor y la calidad de la grabación lo sean. Por ejemplo, puedo tener una orquesta tocando en Bellas Artes, pero si grabo el audio sólo con un teléfono celular, será una grabación de calidad extremadamente pobre aunque la lance en un Blu-Ray Audio.

Y hablando de compresión… el otro formato que llegó a revolucionar la música es el siguiente elemento a analizar: un MP3, por ejemplo, puede mantener -casi- la misma información de un CD en un espacio muy reducido… ¡es como un alimento completo en una malteada!

¿Cómo lo hace? Suena complejo, pero es un proceso muy interesante: Usando formatos de compresión (LAME y Fraunhofer, los más comunes) se recopila la información sónica y matemática de la grabación, se elimina entre el 75% y el 90% de la información sónica y usando algoritmos, se genera una “versión comprimida” quitando:

  1. Todos los sonidos arriba de los 15000 Hertz, y todos aquellos menores a 100 Hz, ya que la mayoría de quienes escuchan su música en MP3, no usan equipos especiales para reproducir esos sonidos (subwoofers), ya que la portabilidad es la clave del formato.
  2. Igualmente, los sonidos que sean casi iguales en ambos canales, se convierten en una versión monoaural (misma información en ambos canales) con el fin de ahorrar espacio
  3. Los sonidos muy sutiles, que son “tapados” por sonidos más potentes, son eliminados de la ecuación y por último
  4. Aquellos sonidos que tengan una separación entre canales de unos milisegundos, son reducidos, ya que el oído estará ocupado procesando otras cosas.

Al final, cuando se reproduce, este archivo comprimido se convierte de vuelta en una versión casi igual a la canción grabada originalmente. Pero esta versión nunca será igual a la original. Incluso existe un estudio reciente de la Audio Engineering Society que demuestra que la música comprimida pierde mucho de su esencia, incluso generando depresión por la falta de ciertos estímulos que, aunque no se distinguen, se reciben. Es como los rayos del sol, no pueden ser reemplazados por un foco incandescente… puede ser sustituído por él, pero no es lo mismo.

En los días en la que era común la práctica de “quemar discos”, se descargaban las canciones comprimidas con una calidad bastante pobre (ya que por las velocidades de internet limitadas, una descarga de 3MB de un rip a 128Kbps era preferida a una de 15MB de un rip a 320Kbps que tomaba 5 veces el tiempo de descarga, que en la era del módem de 56kbps era algo así como 4 horas… así que no), entonces dichas canciones se grababan en un CD, resultando en un disco que se podía escuchar en un reproductor común. ¡La magia!

Pero la calidad no era la misma, aunque muchos no lo llegaron a percibir, porque si dicho disco era reproducido en un equipo muy básico, la limitada capacidad del equipo no permitía notarlo. Haciendo una analogía, es como si la capacidad de ver tonos claros desapareciera (como cuando se usan lentes oscuros), en efecto se puede ver bien y reconocer los colores y las formas, pero la brillantez y claridad de los colores se ve reducida. Y no es hasta que se pone el CD en un reproductor de buena calidad que se empieza a notar todo eso que fue eliminado del CD original para ahorrar espacio.

¿Entonces los archivos comprimidos son los malos? ¡Salvajes! ¡Vamos a quemarlos a todos! No, no es para tanto.

El MP3 es perfecto para lo que fue diseñado, su tecnología de compresión es increíble, porque se logra mantener muchísima de la información de la música para poderla llevar en nuestro teléfono, automóvil o descargarla desde la red. Se puede cargar música en un teléfono o una memoria portátil para darle la vuelta al mundo en bicicleta sin repetir canciones y es un medio que permite compartir una canción en unos segundos. Y de nuevo, la calidad del sonido varía dependiendo además de los factores antes mencionados, del nivel de compresión y de la calidad de la misma. Un audio comprimido a 64Kbps con Fraunhofer suena a radio AM, pero un MP3 bien comprimido con Lame, en VBR que varíe de 220–320Kbps, que use nivel de compresión mínimo (V0), que no tiene filtros pasa bandas y que está bien cuantificado permitiendo bloques pequeños y grandes en su muestreo para silencios y para partes que tengan mucha carga de audio, pues sonará casi como el CD de donde provino, lo amo y me parece increíble.

Para mí el audio comprimido es como una silla playera: portatil, cómoda y funciona para lo que es creada. No llevaría un sillón reclinable de piel con vibración y masaje a la playa, eso es ser un pinche ridículo.

Por eso el MP3 no merece odio, al contrario. La música es lo que es hoy, gracias a esos pequeños algoritmos matemáticos.

En la escala más baja de las opciones de audio, pero sin duda la más popular, tenemos casi todas las plataformas de streaming, las cuales envían el audio comprimido a 128 Kbps (calidad menor al promedio) y en servicios Premium, hasta 320 Kbps planos (lo cual es una mala idea, ya que hay aún más sonidos que se pierden usando compresión plana). Aparte, se necesita tener conexión a internet o una suscripción para poder guardar esos archivos en un dispositivo. Conveniente, pero al menos no es para mí. La utilidad que le veo a estos servicios es para probar qué tal está un disco antes de lanzarme a adquirirlo y evitar chascos como los que solían pasar antes de su existencia.

Igual a los artistas no les conviene tanto esta idea, ya que reciben centavos por cada millón de reproducciones de su música, así que si realmente quieres apoyar a tus músicos o bandas preferidas, adquiere su música: digital, CD, en LP… como quieras.

Claro, para los amantes del buen audio, hay formatos sin compresión que son cada vez más populares, como el FLAC, el Monkey Audio, el ALAC y el WAV, que no comprimen el sonido y mantienen la calidad casi intacta. Dichos archivos se pueden reproducir en computadoras, amplificadores o dispositivos especiales (Neil Young incluso tiene una línea de reproductores llamada Pono y maneja una tienda en línea de música sin compresión) o incluso se puede escuchar música en formato FLAC en servicios Premium de streaming, como el Tidal que encabeza Jay-Z.

Incluso, para hacer los remasters de álbumes clásicos se utilizan estos formatos, ya que como mencioné anteriormente, mantienen casi el 100% de la información musical, cubriendo frecuencias que se creían impensadas y logrando reproducir con fidelidad y la misma calidad que el medio original, sin desgastarlo y sin dañarlo, ya que los medios analógicos son frágiles y necesitan un cuidado especial.

¿Y A QUE HORAS VAS A HABLAR DEL MALDITO DISCO DE VINYL, DESGRACIADO?

Bueno, en la última entrega por fin hablaremos de las características del disco y por qué no es tan malo como hubieras pensado, pero por lo que hoy vimos, puedes darte una idea de a qué viene.

¿Te la vas a perder? Espero que no, por que ya me harté de escribir y me va a dar gangrena en los dedos.

 

Lerxst

Nota: ¡Ya está la última parte disponible! Entra AQUI y termina de leer esta inmamable editorial.

 

 

Lerxst

Lersxt nace hace muchos años en una tierra lejana. Actualmente busca la cura para el COVID-19 autotosiéndose. Se dice que disfruta de todo tipo de música, especializándose en cosas raras, viejas y poco comunes. En sus ratos libres hace cosas como la NaTA.

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